La antigua ley romana decía que para que un testimonio fuera verdadero tenía que haber siete testigos. En el Evangelio de hoy encontramos a nuestro Señor Jesucristo, a Pedro, Santiago y Juan, a Moisés y a Elías, quienes, junto contigo que has sido testigo de la Transfiguración, suman esos siete necesarios para decir que eso sí aconteció. Este hecho fue tan importante que hasta san Pedro en su segunda carta habla de ello.
La Ley y los profetas, es decir, Moisés y Elías hablan con el Señor. La Ley y los profetas, como nos dice el mismo Señor Jesucristo Resucitado de camino a Emaús, hablan de Él y preparaban el camino de nuestros corazones para que Él viniera. Por lo tanto, nuestras normas comunitarias actuales no pueden hacer menos de ahí. Todas nuestras reglas comunitarias deben ser para mostrar a Cristo Jesús como dueño de las vidas de los integrantes.
Así como el Señor ignora a Pedro cuando éste le dice que iban a hacer tres chozas, es decir, celebrar la fiesta de los tabernáculos, así nosotros tenemos que entender que nuestras comunidades no son para quedarse mirando hacia dentro, sino para salir al encuentro de los demás. Cuando la voz del Padre dice que escuchemos a Su Hijo Amado, nos dice que escuchemos todo lo que Él dice y hace: amar a los que más necesitan de Dios. Salir, buscar, amar, a eso nos llama el Transfigurado.